Vamos a viajar por un instante a Asia, a adentrarnos en una de sus maravillosas y milenarias filosofías: el Tao.
 
Según el Tao, el hombre es fuego y la mujer es agua.
 
El fuego se enciende rápido y si no se maneja bien, se apaga rápido. Piensa en una cerilla, o en una bengala, o en una hoguera que vas alimentando poco a poco con madera.
 
El agua en cambio, necesita más tiempo para calentarse y una vez caliente puede permanecer en ese estado mucho tiempo y, si el fuego la sigue calentando, más aún.
 
Este concepto es uno de los pilares clave del Taoísmo Sexual. La mujer difícilmente podrá ser fuego, no se enciende con esa rapidez. Aunque a veces pienso que en los tiempos en que vivimos, cada vez más se nos condiciona a funcionar de esa manera.
 
Quizá sea consecuencia también del impacto de juguetes sexuales como el succionador de clítoris: orgasmo rapidito en dos minutillos, así como si se tratase de una descarga eléctrica de calambres y convulsiones.
 
Con lo interesante que resulta jugar con el fuego y con el agua, calibrando los movimientos, midiendo su temperatura, hasta lograr acompasarlos en una danza de sensaciones y excitaciones.
 
Estoy harta de escuchar a mujeres que dicen “yo es que tardo mucho más, soy más lenta, me cuesta más” como si fuera un problema, como si su cuerpo no funcionara bien. ¡Y no es así!
 
El cuerpo de la mujer y de todas las personas con vulva y vagina está preparado para disfrutar durante mucho más tiempo y con más intensidad. Solo que el modelo de sexualidad impuesto no lo contempla, no tiene en cuenta el funcionamiento del placer femenino. Aunque, afortunadamente, siempre hay excepciones. Generalizar no mola nada…
 
Date una ducha y pon el agua a calentar, a fuego lento….
 
 
✍ texto : @marta_diport
☼ ilustración : @calola.love

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